Durante la década de 2010, San Sebastián experimentó un crecimiento significativo y descontrolado de las viviendas dedicadas al alquiler turístico, impulsado por plataformas digitales y la fuerte demanda del destino. Este fenómeno generó una fuerte presión sobre el mercado, eliminando una parte del parque de viviendas para su uso residencial, intensificando el incremento de precios del alquiler y provocando conflictos de convivencia y un rechazo al turismo en barrios con alta concentración turística como la Parte Vieja, Gros o el Centro. Ante esta situación, el Ayuntamiento puso en marcha una estrategia integral para ordenar territorialmente y controlar la oferta de viviendas de uso turístico y garantizar un equilibrio entre actividad turística y vida vecinal.
El Ayuntamiento de San Sebastián combinó la aprobación de una ordenanza urbanística específica de ordenación de la vivienda turística, posteriormente elevada al ordenamiento vía reforma del Plan General de Ordenación Urbana, por barrios y edificios asimilando el alquiler de vivienda al resto de actividades económicas. Todo ello acompañado de un refuerzo de la inspección presencial, análisis digital, sanciones contundentes y control urbanístico. Esta política permitió reducir significativamente la oferta ilegal, proteger el mercado residencial y mejorar la convivencia vecinal, convirtiéndose en un referente estatal en la gestión del alquiler turístico.
La estrategia de San Sebastián se basa en un conjunto de medidas coordinadas:
