Los destinos turísticos urbanos y de sol y playa afrontan desafíos estructurales cada día más complejos que trascienden la lógica de las funciones tradicionales vinculadas a la promoción y el marketing turístico, para incorporar elementos relacionados con la propia gestión del destino y el modelo turístico que persiguen. Entre las nuevas funciones emergen cuestiones como la necesidad de coordinación entre actores públicos y privados en un sector transversal, la lucha contra la ilegalidad en la prestación de servicios turísticos, la exigencia de profesionalización en la gestión de la marca destino, atender la presión social para avanzar hacia modelos de sostenibilidad y gestión responsable de flujos turísticos, la necesidad de aprovechar las ventajas que ofrece la inteligencia turística basada en datos, o la integración del turismo en la planificación urbana y económica.
En este contexto, las Organización de Gestión de Destino (OGD) público-privadas se consolidan como una herramienta eficaz para dotar al destino de gobernanza colaborativa, continuidad estratégica más allá de los ciclos políticos, capacidad operativa especializada y mayor legitimidad sectorial.
Casos como Turisme de Barcelona, Visit Valencia y Visit Benidorm representan tres modelos consolidados de Organizaciones de Gestión de Destino (OGD) que combinan liderazgo institucional, participación empresarial y estructuras estables de financiación.
Turisme de Barcelona, creado en 1993, opera como consorcio público-privado impulsado por el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio, y es considerado un modelo pionero en España.
Visit Valencia y Visit Benidorm funcionan como fundaciones con participación mayoritaria municipal y fuerte implicación empresarial, configurándose como instrumentos estables de gestión del destino.
